España

     
 

Hay una canción que sostiene, sin dejar lugar a dudas, que no hay en el norte de España tierra más linda que Santoña. Su belleza, declaran, recae en tres cosas: las olas que rompen en la playa, la Bahía y sus mujeres. Los dos primeros atributos mencionados permiten intuir que se trata de un pueblo directamente relacionado con el mar, y es que es en este en el que se centra la actividad principal de la villa, la pesca y la elaboración de anchoas.

            En la esquina de las calles Juan José Ruano y Ortiz Otáñez, de la villa resguardada por el monte Buciero, se abrió, en 1897, la Fábrica de Conservas de Pescado Villarías. Tres sardinas entrelazadas se convirtieron en el logotipo de la empresa y, bajo el mismo, ésta se dedicó hasta 1937 al empacamiento de todo tipo de productos del mar que llegaban en grandes camiones sin otro tipo de soporte que el mismo vehículo.

 

Logotipo de la Conservera Villarías

 

La conservera era, más que nada, un negocio familiar y es que no sólo su fundador, Ignacio Villarías, se dedicaba a ella, sino que también lo hacían su mujer y sus dos hijos, Leoncio y Gregorio. Desde temprana edad, este último, se interesó por la política, cosa que lo llevó a convertirse en Gobernador de Burgos y Concejal del Ayuntamiento de Santoña desde diferentes partidos republicanos, ideología a la que siempre fue fiel. Mientras tanto, y después de la prematura muerte de su primera esposa, Leoncio formó una familia al lado de Juliana Hedilla, con la que tuvo cinco hijos que disfrutaron de su niñez entre la plaza del pueblo y los grandes espacios de la fábrica.

 

Interior de la fábrica de Conservas Villarías, 1932

 

Poco después del estallido de la Guerra Civil Española -por la persecución de las tropas rebeldes- la familia Villarías tuvo que guardar lo que pudo en maletas de variados colores y abandonar Santoña -con dirección a Asturias y, posteriormente, Barcelona- en busca de una salida que nunca pudieron encontrar en España, por lo que se dirigieron hacia Francia junto con otros miles de españoles que se veían obligados a dejar su patria por mantener el puño levantado.